Te regalo el capitulo 7 de Rayuela para tocar con las uñitas el cielo y también con la corteza de la lengua; hurte un pedacito de New Orleans con cascaras de Jazz para sumergirme en las romanzas de A Love Song For Bobby Long y pegar en mis moléculas lagrimitas de Lawson Pines y frasesitas sueltas del viejo Bobby; pero siento angustia por mi supuesta y prejuiciosa incapacidad de componer un estúpido poema al igual que Pursy, y me entero que para escribir solo debo ver lo invisible, o sea verte a vos, entre lineas horizontales en tanto desapareces por espacios de luz. También es evidente que nos conocemos de antes, de antes del génesis, y que aproximándose las 6:00 am nos marchamos en taxis separados como los de Conversations with Other Women; “yo compro fairy cakes para la merienda porque los muffins son para el desayuno”, lo escribí en la pantalla de tu ordenador; el manuscrito que deje sobre la caja vacía es mi manual de instrucciones para no dejarme joder de la vida, constituido en un 99.9% de las eruditas palabras de Polonio a Laertes y a Ofelia, cuídalo. Ya luego iremos a Estocolmo a la fiesta de la langosta y haremos un picnic como en ABBA: The Movie, ahora léeme un fragmento de algún libro que aprecies y confeccioname un beso como Nat en Me With Out You, el film no la banda. Me exaspero y me enfurruño atrapada entre mis pabellones auriculares espantando el vértigo mientras subo cada peldaño de la escalera ligera que me llevara a encontrar eso que no estoy segura que es, como Oliveira.